Semana 11
Acuérdate de calentar antes de correr.
| serie 1 | serie 2 | serie 3 | ||||
| carrera | marcha | carrera | marcha | carrera | marcha | |
| día 1 | 12,5 | 1 | 12,5 | 1 | 12,5 | 1 |
| 1 día de descanso | ||||||
| día 2 | 19 | 2 | 19 | |||
| 1 día de descanso | ||||||
| día 3 | 19 | 1,5 | 19 | |||
| 2 días de descanso | ||||||
Si consigues realizar todo un día, puedes pasar tranquilamente al siguiente. Si tienes un día peor y no eres capaz de correr todo el entrenamiento, lo mejor será repetirlo después del día de descanso. Sin prisa: se trata más de la regularidad que de los resultados.
Correr en solitario frente a correr acompañado
Todo corredor acaba asentándose en una preferencia: la calma de una carrera en solitario o el tirón de un grupo. Ninguna es mejor que la otra, pero ofrecen experiencias genuinamente distintas, y saber qué te da cada una facilita construir una rutina que de verdad vayas a mantener.
A favor de ir por libre
Para mucha gente, correr en solitario es todo el atractivo. Es tiempo que te pertenece por entero, sin nadie con quien coordinarte y nada que negociar. Corres cuando te viene bien, exactamente al ritmo que tu cuerpo quiere ese día, y puedes moldear tu entrenamiento en torno a tus propios objetivos sin concesiones. También hay una concentración que llega con la soledad. Sin conversación que llene el espacio, notas tu respiración, tu técnica, las pequeñas señales que tu cuerpo envía constantemente, y esa consciencia puede afinarte en silencio con el tiempo. Muchos corredores describen sus carreras en solitario como lo más parecido a la meditación que consiguen.
El reverso es real, eso sí. Correr solo puede volverse solitario, la motivación es más difícil de invocar en una mañana gris sin nadie esperándote, y la seguridad es una preocupación legítima en rutas largas o en lugares aislados. También te pierdes esa formación informal que ocurre cuando corres junto a gente que lleva más tiempo en esto.
A favor de la compañía
Correr con un grupo o un club le da la vuelta a la mayoría de esas contrapartidas. El lado social es el reclamo evidente: las carreras compartidas convierten una obligación en algo que esperas con ganas, y el simple hecho de que otros cuenten contigo es una razón poderosa para presentarte los días que, de otro modo, te saltarías. Los grupos tienden a exigirte un poco más de lo que te exigirías tú, y los corredores experimentados transmiten consejos sobre ritmo, técnica y cómo evitar errores comunes casi por ósmosis. También hay un beneficio de seguridad, sobre todo en rutas desconocidas o después del anochecer.
Las concesiones son la imagen especular de las libertades de correr en solitario. Corres según el horario de otro, a un ritmo que quizá no coincida con el tuyo, y hace falta disciplina para no dejarse arrastrar más allá de tus propios límites por la energía del grupo.
La buena noticia es que esto no es un o lo uno o lo otro. Muchos corredores hacen ambas cosas, reservando sus kilómetros fáciles y reflexivos para la soledad y guardando el grupo para los esfuerzos más duros o las carreras largas de fin de semana. Mezclar las dos te permite conservar la calma de la soledad y el impulso de la compañía, y elegir lo que el día pida.