Corre 40 minutos

Empieza a correr

Semana 3

Acuérdate de calentar antes de correr.

  serie 1 serie 2 serie 3 serie 4 serie 5
  carrera marcha carrera marcha carrera marcha carrera marcha carrera marcha
día 1 3 3 3 3 3 3 3 3 3 3
1 día de descanso
día 2 3,5 2,5 3,5 2,5 3,5 2,5 3,5 2,5 3,5 2,5
1 día de descanso
día 3 4 2 4 2 4 2 4 2 4 2
2 días de descanso

Si consigues realizar todo un día, puedes pasar tranquilamente al siguiente. Si tienes un día peor y no eres capaz de correr todo el entrenamiento, lo mejor será repetirlo después del día de descanso. Sin prisa: se trata más de la regularidad que de los resultados.

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¿De verdad importa la hora a la que corres?

Busca por ahí y encontrarás afirmaciones rotundas de que una hora concreta es científicamente la mejor para correr. La realidad es más enredada y, sinceramente, más liberadora: las diferencias entre la mañana, la tarde y la noche son reales pero modestas, y para la mayoría de la gente quedan eclipsadas por una pregunta mucho más simple, que es si serás capaz de presentarte de forma constante.

Tu cuerpo tiene un ritmo

Los humanos funcionamos con un reloj interno, el ritmo circadiano, que hace subir y bajar la temperatura corporal, el estado de alerta y la coordinación a lo largo del día. Para mucha gente, ese reloj deja el cuerpo un poco más caliente y suelto al final de la tarde y a primera hora de la noche, y por eso una carrera puede sentirse más fluida entonces que a las seis de la mañana. Pero este ritmo no es idéntico en todo el mundo. Un madrugador natural y un noctámbulo convencido no van a alcanzar su punto óptimo a la misma hora, y ningún gráfico puede decirte cuál de los dos eres mejor de lo que puede tu propia experiencia.

La constancia gana a la optimización

Aquí está la parte que suele perderse en el debate. Una carrera perfectamente cronometrada que te saltas no hace nada por ti. Una carrera un poco menos que óptima que sí haces, semana tras semana, es lo que construye tu forma física. Si la mañana es la única franja que tu agenda protege de forma fiable, entonces la mañana es tu mejor momento, sin más, diga lo que diga un gráfico de fisiología. El hábito es tan protagonista del entrenamiento como las piernas.

Pequeñas diferencias prácticas

Dicho esto, la hora sí modifica algunos detalles prácticos que vale la pena conocer. Las carreras matutinas suelen implicar correr con el estómago más vacío, así que algunas personas prefieren un bocado ligero antes. Las carreras de tarde y de noche quedan más lejos de tu última comida, lo que cambia cómo te alimentas. El calor y la luz del día también cuentan: en verano, correr temprano o tarde esquiva lo peor del sol del mediodía, mientras que en invierno la mitad del día puede ser el único tramo con luz y temperatura decentes.

Así que experimenta, pero toma los resultados con ligereza. Prueba una carrera a un par de horas distintas, nota cuándo tu cuerpo se muestra dispuesto y cuándo se resiste, y luego construye tu rutina en torno a la franja que vayas a mantener de verdad. El reloj es un detalle. Presentarte es el juego entero.